Novela Policíaca y Novela Negra

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Novela Policíaca y Novela Negra

Los límites entre la novela policíaca y la novela negra son muy difusos. Es un hecho que tradicionalmente se han utilizado indistintamente ambos términos para aludir a cualquiera de ellas. Pero es conveniente matizar que no se trata exactamente de lo mismo. Es cierto que este tipo de relatos poseen muchos rasgos en común, que se complementan entre sí y que seguramente la segunda no existiría sin la primera. Sin embargo, la novela negra propiamente dicha posee unas características muy particulares y diferenciadoras. De un modo genérico quizás pudiera definirse como la combinación más o menos proporcionada entre lo policíaco y un hiperrealismo social.

Esta combinación se produjo por primera vez en una producción literaria genuinamente americana en los EE.UU de los convulsos años veinte. Desde allí se extendió por Europa años después, siendo aquí los países nórdicos -donde Suecia sería la pionera- quienes a mediados de los sesenta iniciaron una novela policíaca distinta, crítica con la cruda realidad social.

El género policíaco, cuyo origen se remonta a mediados del siglo XIX de la mano de Egdar Allan Poe, se iría transformando hasta el punto de dar lugar a algo nuevo que incorporaba contenidos violentos, corrupción, personajes atípicos, males endémicos y denuncia social.

En España se menciona “La Gota de Sangre”, de Emilia Pardo Bazán, como la primera muestra de narrativa policíaca, pero no ha existido una tradición literaria sobre ésta temática.

No fue hasta avanzados los años sesenta cuando pudo accederse a una serie de publicaciones de novela negra americana (cuyas traducciones se editaban en México o Argentina) que fueron puestas en circulación por algunas editoriales como, por ejemplo, Bruguera. El franquismo tendría mucho que ver en que no se produjera este tipo de literatura en el suelo patrio y ciertos sectores de la sociedad española de entonces en que fuera considerada como literatura de baja calidad y simple entretenimiento. Pero poco a poco y de una forma más o menos velada fueron surgiendo escritores españoles que intentarían imitar a los americanos y quizás en menor medida a los europeos nórdicos. Andando el tiempo, además, algunos de ellos aprovecharían para incorporar en sus escritos la crítica social dirigida contra la dictadura.

En estos primeros momento sería clave la obra de Manuel Vázquez Montalbán, referente de muchos autores posteriores, que lograría proporcionar al género policíaco el prestigio suficiente como para que fuera considerado como literatura de calidad. Tras él llegaron Juan Madrid, Gonzalo Ledesma, Julián Ibáñez o Pérez Merinero entre otros, y a partir de los ochenta comenzaron a gestarse iniciativas de apoyo al género, el cual comenzaba ya a derivar hacia la auténtica novela negra.

Ya entrado el siglo XXI y hasta el momento actual, tanto la producción como la demanda está en auge y la novela negra goza de un buen momento. Seguramente porque, siendo la crítica social uno de sus elementos clave, no faltan casos de inspiración en nuestra sociedad actual, ni tampoco interés por parte del público para conocer sus entresijos.

Hasta tal punto es así que no son pocas las editoriales españolas que apuestan por el género. Éste, en su evolución constante, ha llegado hasta a propiciar –como en otros lugares de Europa- numerosos festivales literarios específicos: Semana Negra de Gijón, Festival Aragón Negro, Tenerife Noir, Salamanca Negra, Valencia Negra, Barcelona Negra, Getafe Negro…

 

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